Acceso padres
Darse de alta

La educación emocional en familia

· Escuelas

“La educación emocional va más allá de educar con afecto. Es plantear las emociones sentimientos en términos de valor” Rafael Bisquerra

Cada  vez  es  más  común  emplear  el  término emocional en importantes negociaciones, en marketing, en una entrevista… en prácticamente todos los ámbitos y como no podía ser de otro modo también en educación se está trabajando desde hace un tiempo.

En las escuelas Nemomarlin tenemos un claro compromiso con el desarrollo del vínculo afectivo y la comunicación con las familias y un desarrollo integral del niño dotándole de las herramientas necesarias para la inserción en la sociedad.

Al igual que en la escuela, si pensamos en la vida diaria de las familias, seguramente nos vienen a la cabeza muchas situaciones en las que se requiere inteligencia emocional. Desde que comenzamos a relacionarnos con otros, empezamos a percibir la complejidad que se esconde detrás de la comunicación entre personas y de los conflictos que surgen en las relaciones.

Según los niño/as nacen comienzan a sentir las primeras emociones:alegría, enfado, sorpresa, miedo o tristeza….y unido a todo esto está la gestión de las mismas, una de las primeras problemáticas es “SABER DECIR NO”.

Cuánto cuesta negarles algo, provocarles el llanto y que al final termine en rabieta…por eso, en muchos casos, terminamos consintiéndoles y esperando a que se hagan mayores (sobre protección)… Esto dificulta que el niño comprenda que no siempre puede hacer lo que quiere, que en casa hay normas y, en consecuencia, a superar la frustración.

Este es un claro ejemplo de gestión emocional, no solo por la superación del NO sino también por controlar el impulso de enfadarse hasta el extremo (rabieta).Es necesario que los niños aprendan a manejar sus estados de ánimo y controlar sus emociones para crecer de forma integral.

Por ello en familia debemos observar a los niños/as, para conocerlos, ayudarles a identificar qué les pasa, cómo se llama eso qué sienten y por supuesto ayudar a gestionarlo. Todo esto es mucho más sencillo, si nosotros somos emocionalmente inteligentes. En el ambiente familiar debemos:

  • Hablar de emociones con naturalidad
  • Poner nombre a lo que sentimos
  • No hacer juicios sobre lo que sienten otros

Ninguna herramienta surte efecto por arte de la magia o casualidad, sino que requiere de voluntad para ser aprendida e integrada, y de la práctica real en el día a día.

 

NATALIA TORRES THOMAS Maestra y Pedagoga
Consultora Educativa de CERO6