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Los miedos infantiles

Los miedos infantiles
04 / marzo / 2021

Es frecuente observar en los niños pequeños algunos miedos y temores que a los adultos nos resultan sorprendentes, lo son porque se trata de temores inespecíficos que no presentan una razón de ser para nuestra mente adulta pero que, veremos, tienen todo el sentido del mundo para un niño pequeño.

En primer lugar conviene recordar que el miedo es una emoción y como tal es innata, la tenemos todos los seres humanos y tiene una función que se conecta con la supervivencia. En el caso del miedo se trata de una emoción de carácter defensivo que en el niño le sirve para escapar de los riesgos, bien por sí mismo o bien porque empuja a pedir protección.

Los miedos tienen un carácter evolutivo

Los miedos en los niños más pequeños van cambiando conforme el niño evoluciona y va adquiriendo más capacidades y avanzando en el proceso de desarrollo, son por lo tanto completamente normales y no requieren habitualmente de ningún tratamiento o abordaje profesional.

Desde los primeros miedos cómo quedar suspendido en el aire y enfrentarse al vacío o que desaparezcan sus figuras de apego de su campo de visión, que son muy frecuentes antes del año. Pasando por el miedo a la oscuridad, a los disfraces, a los ruidos fuertes o a los monstruos, que son característicos de la primera infancia y que con oscilaciones les pueden acompañar hasta los 6 o 7 años. Llegando a los miedos relacionados con el daño sobre uno mismo o las personas de su familia, miedo a la pérdida o al futuro, más propios de los 10 a 12 años. Estamos siempre hablando de respuestas de temor que tienen un carácter evolutivo y que acompañan por lo tanto a todos los niños en mayor o menor medida.

Observamos factores que median en los miedos evolutivos; la capacidad de representación simbólica del niño, que hará que pueda empezar a anticipar situaciones de temor, El pensamiento mágico que hará que los niños crean a ciencia cierta en los monstruos y malvados que les dan tanto miedo o el propio proceso de socialización que influye a través de los modelos enseñando a los más pequeños a que cosas es a las que se debe o no se debe tener miedo.

Recordemos que los niños pequeños, no pueden tener la capacidad para la autorregulación del miedo y por ello no podrán mandarse mensajes y verbalizaciones tranquilizadoras.

¿Qué podemos hacer los adultos?

  • Entender al niño, no es un miedoso, sino que no sabe muy bien a lo que se enfrenta. Si nos enfadamos o si mostramos temor o inquietud el niño no podrá
    regularse y por tanto ajustarse bien.
  • No debemos castigar al niño exponiéndole de forma brusca a los estímulos que le provocan temor.
  • Entendamos que es una cuestión de carácter transitorio, a estos miedos de hoy les sustituirán otros y por tanto no tiene sentido forzar al pequeño.
  • Se puede hablar con ellos de lo que les da miedo, con tranquilidad con calma, y podremos encontrar elementos de protección para sus temores.
  • Si vamos a exponernos sin remedio a los estímulos de temor, lo haremos desde la calma, poco a poco sin forzar al niño y esperando a que se muestre tranquilo y calmado antes de avanzar en una exposición gradual que les permita ir ganando confianza.

Las escuelas infantiles Nemomarlin cuentan con un servicio psicopedagógico a través del cual los padres podemos consultar y recibir un asesoramiento mas personalizado.

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